sábado, 15 de diciembre de 2012

Matanza en Connecticut

Desde ayer a través de las redes sociales y presa digital y hoy en la prensa escrita ha sido mucho lo que se ha dicho sobre este triste y lamentable suceso.
Una vez sangre inocente, infantil, de niños sin culpa alguna ha sido derramada por los tiros a quemarropa de un demento armado. No es posible imaginar (salvo que se haya vivido una experiencia de ese tipo) el dolor de esos padres cuando hayan recibido la noticia, a bocajarro (como les dispararon). Supongo que quedarían atónitos, desencajados, pensando que no era posible, que se trataba de un error, que a sus niños lo había dejado en el colegio y.... en fin ¡que triste!
Deberíamos repasar las teoriías de Charles Darwin y coetáneos donde uno defendía que el individuo era fruto de la sociedad donde se desarrollaba su vida y otro postulaba que era el individuo el que influía en la sociedad.
Yo me inclino por conjugar ambos postulados pero un poco más por la primera, donde una sociedad desarrollada crecen sus miembros a modo y costumbres de la misma y si el individuo se sale de ese marco es la propia sociedad mediante los necesarios ajustes correctivos y sobre todo medidas preventivas para evitar estas situaciones.
Una de las medidas preventivas que de inmediato se debe tomar en EE. UU. es suprimir la venta de armas sin analizar previamente a quien la adquiere; mejor aún canalizar ese tráfico a través de la autoridad competente.
Las medidas correctivas son sobradamente conocidas por todos: la reclusión en centros especializados o en prisiones a pagar la culpa e incluso a la pena de muerte que aún conservan en algunos estados. Lamentablemente en nuestro país los asesinos de inocentes (niños y grandes) saben que la condena no la cumplirán: buena conducta, estudios, huelgas de hambre, enfermos terminales (que luego se comprueba que no lo están)... etc... o por ser moneda de cambio en las negociaciones con determinados intereses políticos.
Los padres llevarán, sin lugar a dudas, este dolor toda vida. El tiempo pasa a acostumbrarte al dolor pero nunca te acostumbras al hecho de haber perdido un hijo/a.
Descansen en paz

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